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¿Qué puedo hacer con el miedo?
La función del miedo es protegernos pero ¿cuántas veces el miedo nos bloquea y nos impide avanzar? ¿Cuántas veces el miedo no nos deja disfrutar de lo que tenemos delante?
A veces el miedo evita que nos expongamos a peligros, pero otras veces, aunque en el fondo sabemos que enfrentarnos a una situación sería algo bueno para nosotros, que podríamos ganar mucho, nuestro miedo a equivocarnos, a no hacerlo bien, nos impide dar el paso, nos bloquea, no nos deja pisar con fuerza y nos empuja a la retirada.
Cuando el miedo nos puede, vamos dando pasos atrás, pero al evitar enfrentarnos a él, en lugar de hacerse más pequeño, nuestro temor se hace más grande. Cada vez que ante una situación el miedo nos hace posponerla, retirarnos sin intentarlo o afrontarla sin decisión, nos sentimos un poco más indefensos, un poco más incapaces. Entonces el miedo se alimenta y crece y nos enfrentamos no sólo a la realidad sino también a ese fantasma que hemos ido creando en nuestra mente. Ese fantasma enorme sólo nos deja ver todo aquello que confirma nuestro temor, nos lleva más allá de lo que realmente está delante de nosotros, nos lleva al peor de los casos, al drama y nuestra mente no ve otras posibilidades aunque las haya.
Para identificar estos fantasmas y su funcionamiento pongo un ejemplo: puede que te hayas sorprendido a ti mismo pensando algo parecido a esto «Si la cago nunca nadie volverá a confiar en mi, mi futuro estará arruinado». Frases como esta son tan extremas que son irreales, alimentan al fantasma y hacen daño. A nadie le gusta equivocarse, pero todos nos equivocamos a veces. Eso forma parte del aprendizaje y no significa que nunca nadie volverá a confiar en ti, ni mucho menos que tu futuro esté arruinado. Normalmente la gente no se toma tan en serio tus errores y aún cuando descubras que algo no se te da bien, las posibilidades de tu futuro son infinitas y el mundo seguirá girando a pesar de tu error.
Y entonces os preguntaréis ¿cómo podemos liberarnos de nuestros fantasmas, de nuestros miedos? Tener miedo es algo natural. Sin el miedo probablemente no sobreviviríamos, así que siento deciros que aunque vuestro deseo sea que desaparezca por completo esto no va a ser posible. Pero podemos aprender a conquistarlo, podemos aprender a enfrentarnos, a no alimentarlo tanto que nos paralice y a seguir a pesar del miedo.

«No es valiente quien no tiene miedo sino quien se atreve a conquistarlo» Nelson Mandela.
¿Y qué es lo que ocurre cuando nos enfrentamos a pesar del miedo? Cuando nos enfrentamos a la situación de una forma realista, sin dramatizar, preparándonos, buscando nuestras fortalezas, y pidiendo ayuda, superamos nuestros miedos. Es entonces cuando vamos cogiendo confianza en nosotros mismos y esos temores se van haciendo más pequeños al mismo tiempo que nuestra autoestima va creciendo. Aunque hay que matizar algo: está bien buscar ayuda pero si siempre DELEGO, me hago dependiente, me siento incapaz y nunca superaré el miedo.
¡Ánimo! ¡Atrévete! ¡A pesar del miedo, puedes!
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Y tú, ¿cómo caminas?
De la mano de una escena de la inspiradora película «El club de los poetas muertos» os invito a la siguiente reflexión sobre nuestro modo de andar por la vida.
Esta escena habla sobre la vida, sobre nuestro modo de caminar en ella, y de la dificultad de mantener contacto con nuestras propias convicciones frente a los demás.
Empiezo citando la primera frase: «No es ninguna prueba señores, solo es un paseo». Si esta escena es una metáfora sobre la vida, la vida sólo es eso, un paseo. ¿Nos permitimos disfrutar del paseo? ¿Nos permitimos experimentar, probar, elegir nuestro modo de caminar? ¿O estamos tan cegados en ser uno más, en llegar a los objetivos, que no nos permitimos sentir nuestro ritmo?
«Si se han fijado, los tres han empezado a su aire, a su propio ritmo». Así es como empezamos la vida. Cuando nacemos solo SOMOS, hacemos lo que nos sale del interior, del alma. Cuando nacemos solo sentimos, no sabemos de normas, ni de deberías, ni de tendrías que…
Vamos creciendo y pronto la sociedad nos va proyectando obligaciones, normas, pautas de cómo deberíamos ser, de lo que deberíamos de conseguir, de cómo debemos comportarnos. «Izquierda, izquierda, izquierda, derecha, izquierda». Debido a nuestra necesidad de adaptación vamos interiorizando esas normas, intentamos hacer aquello que se espera de nosotros: ser buenos hijos, amigos, alumnos, padres, esposos… Intentamos cumplir con las expectativas que los demás tienen de nosotros para conseguir la anhelada aprobación de los padres y aceptación de nuestros iguales. Tengo miedo de que si no estoy a la altura no me quieran, y desde ahí empiezo a actuar, creando un personaje que yo creo que será aceptado.
Las normas son necesarias, ayudan a convivir pacíficamente, pero a veces queremos encajar y complacer tanto que perdemos contacto con nosotros mismos.
Cuántas personas me he encontrado que dicen: «hice todo lo que se esperaba de mí, ¿por qué no soy feliz?», ¿Qué es lo que pasa? Tantos años siguiendo la corriente, tantos años agradando a todos y quizá, llegado a un punto, en lugar de sentir que nos agradecen, nos sintamos frustrados. ¿Por qué? Quizá hayamos silenciado a nuestro «yo», quizá la construcción de nuestras vidas se ha basado en la aprobación y no está en sintonía con nuestro yo profundo.
Aquí viene otra frase de la película: «Les he hecho salir para ilustrar la cuestión de la conformidad, la dificultad de mantener nuestras propias convicciones frente a los demás» En el vídeo podemos ver la tendencia a pertenecer al grupo, la tendencia a adaptarnos a la norma frente a la necesidad de encontrar las propias convicciones. «Pero deben pensar que sus convicciones son únicas, les pertenecen, aunque a otros les puedan parecer raras o inaceptables, aunque la manada diga: esta mal»
«Dos caminos divergían en el bosque, y yo tomé el menos transitado. Eso hizo toda la diferencia.» Robert Frost
«Prueben, encuentren su camino, su propio estilo de caminar»
¿Cómo estoy caminando? ¿Soy fiel a mi mismo? ¿Cómo quiero caminar? ¿Cuál quiero que sea mi energía? ¿Qué puedo aportar yo a la sociedad? ¿Cómo puedo hacerlo?
Espero que estas preguntas te acerquen de vuelta al SER, al autodescubrimiento, a aquello que quieres hacer, a tomar contacto con tus talentos e intentar un modo de caminar diferente: tu modo de caminar.
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Sobre acudir a un psicólogo
Se suele pensar que ir al psicólogo es de locos, pero a mi consulta muy a menudo llegan personas valientes, que buscan ayuda cuando la necesitan, que se comprometen consigo mismas y que tienen el coraje de encarar los problemas. Me encuentro con gente sabía y verdaderos maestros que son un ejemplo de lucha, de fortaleza, de superación, de sensibilidad, de honestidad, de humildad…
Si estas pasando por un mal momento, te cuesta encontrar las fuerzas, no sabes como hacer frente a una situación, sientes que la
gente de tu alrededor no te entiende o no puede ayudarte: Busca ayuda profesional. No tienes porque pasar por eso tu sol@.
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Un cuento para reflexionar
En esta entrada voy a reflexionar sobre un cuento que escuché hace tiempo y me hizo pensar acerca de las diferentes filosofías de vida. Os invito a su lectura y a extraer vuestras propias conclusiones.
El hombre de negocios y el pescador
Una tarde, un ejecu
tivo estadounidense pasaba casualmente por una playa de Méjico. Allí vio un hombre joven sentado en la arena, tomándose una cerveza a la sombra mientras disfrutaba de la compañía de su familia. El hombre de negocios se acerco y le preguntó:
– Hola. Disculpe que le interrumpa, pero he visto que está sentado aquí un día entre semana. ¿Está usted de vacaciones? ¿Quizás este sin empleo?
– Para nada. Soy pescador. Lo que ve allí es mi barco. Esta mañana salí a pescar y ahora estoy disfrutando del resto del día con mi familia.
– Interesante. Supongo que esas aguas son muy generosas en pescados. ¿Es así?
– Efectivamente, en un par de horas consigo lo suficiente para vender el pescado en el mercado y que a mi familia no le falte nada.
– Pero no lo entiendo. Si tan fácil es pescar, ¿por qué no sale usted todo el día?
– ¿Para qué?
– Porque así conseguiría muchos peces, y al cabo de un rato podría comprar otro barco y contratar a otro pescador.
– ¿Para qué?
– Porque así ganaría todavía más dinero, y podría comprar más barcos y contratar a más pescadores.
– Ya, lo entiendo, pero ¿para qué?
– Porque así después de muchos años de duro trabajo, probablemente conseguiría una empresa líder en el sector de la pesca. Incluso puede que pudiese cotizar en bolsa, y cuando se jubile, usted tendría una fortuna.
– ¿Y para qué voy a querer eso?
– Porque cuando tenga esa fortuna, usted se podrá retirar en alguna playa, y disfrutar de la vida al sol en compañía de su familia.
– Pero si eso ya lo hago ahora todos los días!!!
¿Con quién te identificas más con el pescador o con el hombre de negocios?
¿Quién crees que vive más feliz?
A mi me ha llevado a la siguiente reflexión:
A veces estamos tan ocupados en conseguir más y más, en ese ritmo frenético, en esa dinámica del consumo, que en ocasiones olvidamos qué es lo realmente importante.
Muy a menudo estamos demasiado ocupados para tomar un café con un amigo, para jugar con nuestros hijos, para cuidar de nuestros padres… Quizá demasiado ocupados en conseguir más y más, ¿para qué? Para acumular cosas que cogen polvo en un cajón, para pagar a alguien que cuide nuestros hijos…
Estamos tan ocupados en vivir a todo tren, que no tenemos tiempo. No hay tiempo para conectar con nosotros mismos, con nuestras necesidades reales, con la esencia de la vida. Vivimos proyectados en el futuro y en todo este frenesí y afán por ser y tener más se nos olvida disfrutar de lo que tenemos. No podemos perder el tiempo en contemplar con plena presencia un rayo de sol que entra por la ventana, el olor del café recién hecho, la ducha que me doy en la mañana o la lluvia al caer. Estamos pendientes de lo que queda por hacer, no hay tiempo para disfrutar tan solo del simple hecho de existir, de sentir, de ser.
Me hago la siguiente pregunta: ¿Qué es lo que nos mueve a vivir exigiéndonos siempre más? Quizá tengamos miedo a no ser queridos si no conseguimos logros, quizá por eso buscamos incansablemente el éxito, el reconocimiento, la aprobación. Quizá no nos demos cuenta de que la gente que realmente nos quiere lo hace por algo más que el trabajo que conseguimos o el coche que llevamos. Nos quiere por lo que somos y somos mucho más que eso. Hazte la siguiente pregunta ¿Por que quieres a tus amigos/a tus padres/hijos?
Vivimos corriendo, tenemos que conseguir más, no hay tiempo para parar, pero lo paradójico es que a menudo es en la soledad, en la calma, en ese momento que te dedicas donde se encuentra la paz, donde te encuentras a ti mismo, donde te das cuenta de lo que eres, de lo que quieres, donde ves las cosas claras y donde te sientes en armonía. Busca ese espacio personal, esa parada, ese retiro donde puedes conectar con tu sabiduría interior, donde puedes conectar con tu esencia, donde puedes conectar con tu bienestar y encontrar tu camino.
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¿Hablamos de sexo?
Una esfera de la vida importante, que nos mueve, que despierta nuestro lado más instintivo y que sin duda está presente en la vida, es la sexualidad. Por eso en este post voy a hablar de este tema, que a pesar de estar tan presente, aún sigue siendo tabú y en ocasiones está lleno de prejuicios e ideas preconcebidas que impiden disfrutar de la sexualidad de una forma saludable y plena.
Para empezar, es importante definir el concepto de sexualidad.
La sexualidad es un impulso vital, es un aspecto central del ser humano que engloba el sexo, pero también los papeles de género, la orientación sexual, nuestra identidad, el erotismo, el placer, la intimidad y la reproducción.
Por lo tanto la sexualidad es un concepto amplio, que abarca más que el sexo, y la forma de expresarla y vivirla depende en gran medida de aprendizajes culturales. Además de lo puramente biológico o instintivo y la finalidad reproductiva del sexo, es imposible obviar el aspecto lúdico y social de la sexualidad. El sexo también es una forma de disfrutar, de comunicarse, compartir, expresar sentimientos de ternura, afecto, contacto… Por lo tanto tiene también como finalidad la expresión del amor y el deseo de gratificación personal y compartida.
Las influencias culturales y religiosas en la vivencia de la sexualidad.
Durante muchos años, por influencia de la educación religiosa, se ha considerado la reproducción como único objetivo de la sexualidad y para sostener este concepto se hizo del coito la única forma válida para expresar ese impulso sexual, siendo cuestionadas otras prácticas sexuales con una finalidad puramente lúdica. Debido a este legado, la culpabilidad, la vergüenza o el miedo a la desaprobación por buscar o expresar el placer son comunes en la sociedad occidental.
Además este modelo nos lo pone especialmente difícil a las mujeres, puesto que para una gran mayoría la penetración vaginal no basta para alcanzar el climax (ya que el clítoris –el órgano sexual por excelencia de la mujer- no recibe la atención adecuada).
¡Ya es hora de que vayamos abandonando prejuicios para poder disfrutar y vivir nuestra sexualidad de una forma natural y saludable!
Sé lo que estás pensando: la sociedad ha cambiado mucho en poco tiempo y ahora es mucho más abierta. De acuerdo totalmente, pero hay que tener en cuenta que este legado aún deja huellas. Muchas veces la sexualidad sigue siendo un tema tabú del que cuesta hablar y preguntar con naturalidad ¡incluso con la pareja!, y proponer o permitirse disfrutar de otras prácticas que van más allá del coito, como el sexo oral, la masturbación, el uso de juguetes sexuales o el sexo anal ,por poner algunos ejemplos, resulta incómodo para muchos.
¡Ojo! Esto no quiere decir que no se pueda vivir una vida sexual plena sin realizar todo tipo de prácticas, lo importante es sentirse libre para explorar y para elegir las propias posibilidades sexuales (siempre respetando a tu pareja, obviamente).
“Existen tantas posibilidades de expresar la erótica como personas, por eso siempre se puede explorar y descubrir nuevas formas de vivir y disfrutar de la sexualidad.”
“Cada nuevo descubrimiento del cuerpo humano que ayude al bienestar es digno de reconocimiento”
Otra de las trabas culturales que en ocasiones nos impide disfrutar de nuestro cuerpo (especialmente a las mujeres) es el inalcanzable ideal de belleza y la obsesión por la eterna juventud. ¿Cuánto nos exigimos? ¿Cuántas estamos pendientes de si se me nota la barriga en esta posición o si se me caen los pechos? ¿Cuántas nos escondemos bajo las sábanas o huimos de la luz? ¡Así no hay quién disfrute!
Muchas veces somos nosotros mismos quienes nos sacamos constantemente defectos y nos ponemos pegas. Quizá deberíamos preguntarnos ¿qué es lo que hace que una persona sea atractiva? ¿qué es lo que a ti te atrae de una mujer o un hombre? Quizá nos sorprendamos al darnos cuenta de que el atractivo no tiene tanto que ver con la perfección física y tiene mucho más que ver con la actitud.
Reconcíliate con tu cuerpo, la belleza NO es equivalente de perfección. ¡Quiérete y disfruta de tu cuerpo!
¿Cuáles son los puntos erógenos?
El principal órgano sexual no son los genitales, es el cerebro. El cerebro es el que integra los sentimientos y las sensaciones procedentes de la vista, el oído, el olfato, el gusto y el tacto, y es aquí donde se produce la sensación de placer. Este es el director de orquesta que acciona y reacciona, que nos permite abandonarnos al placer, sentir, disfrutar…
A continuación, por orden de importancia, sigue la piel. La piel es capaz de sentir sensaciones placenteras en toda su extensión. ¡Todo el cuerpo es susceptible de recibir placer! ¿Por qué conformarse solo con los genitales?
Es cierto que los genitales están ricamente inervados y por eso tienen un papel central en el placer (en los hombres la zona más sensible es el glande y en la mujer la región clitorideana y el tercio externo de la vagina). Toda la zona perigenital también es muy sensible (el monte de venus, los labios mayores y menores, el escroto, los testículos, el periné, el ano…). El placer que pueden proporcionarnos nuestros genitales es intenso, aunque no es lo único. Desde luego, es mejor no tener prisa para poder disfrutar de estos placeres, y para tener un orgasmo más satisfactorio es necesario que primero se dé el deseo y la excitación. Es más, a las mujeres no suele gustarnos que los hombres ataquen directamente a los genitales (así es cómo lo vivimos, como un ataque). Solemos preferir las caricias, los besos, el coqueteo y luego, cuando ya estamos a tono, continuar adelante.
Otras zonas erógenas que merecen especial atención son las manos, los pezones, el pecho, las nalgas, la cara interna de los muslos, los lóbulos de las orejas, los labios, la lengua, el cuello, el cuero cabelludo, la cara, la espalda, la zona lumbar…
“El erotismo no se limita a una zona en concreto, todo nuestro cuerpo es erótico si así lo sentimos”
Para mejorar tu sexualidad explora tu cuerpo tú solo/a y con tu pareja, y descubre lo que te proporciona placer y cómo te gusta ser estimulado/a. Habla de sexo con tu pareja, dile que te gusta. Nuestra pareja no tiene poderes para leer nuestra mente ¡Dale alguna pista!
¡Ah! Y no solo sirven las manos para acariciar, también puedes utilizar los labios, la nariz, los pechos, el cabello, los pies, las pestañas, plumas, pinceles, pañuelos… ¡Investiga, déjate llevar por tu instinto y sé creativo/a!
Abrir la mente puede llevarnos a descubrir nuevas formas de disfrutar la sexualidad. Deshazte de ideas preconcebidas, ponle imaginación y olvídate del coito como única forma o finalidad del sexo!!!
Si estás interesd@ en el tema y quieres descubrir y mejorar tu sexualidad te recomiendo:
- El libro “Tu sexo es tuyo” de Sylvia de Béjar: texto ameno que habla sobre todo lo concerniente a la sexualidad tanto femenina como masculina. Está más dirigido a la mujer pero indudablemente a vosotros también os recomiendo la lectura. ¡Aprenderéis cosas y nos entenderéis mucho mejor!
- El Blog de Patricia, una compi bloguera que es psicóloga especialista en sexualidad. Pincha aquí para verlo.
- Sobre sexualidad y deseo más concrétamente masculino puedes leer ¿En qué piensan los hombres? de José Bustamante Bellmunt
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Gracias a todos mis lectores por acompañarme en el 2014. Espero que el año que estamos empezando venga cargadito de nuevos aprendizajes y vitalidad para cumplir nuestros sueños. Vamos a por ellos, que podemos!!! Un besazo.
Los duendes de las estadísticas de WordPress.com prepararon un informe sobre el año 2014 de este blog.
Aquí hay un extracto:
Un teleférico de San Francisco puede contener 60 personas. Este blog fue visto por 1.900 veces en 2014. Si el blog fue un teleférico, se necesitarían alrededor de 32 viajes para llevar tantas personas.
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En busca del verdadero yo
En este post quiero compartir con todos vosotros un cuento muy ameno que podéis encontrar al final de esta entrada tanto para escuchar como para leer.
El libro trata de un caballero con una hermosa y reluciente armadura que todos admiran y le protege de todo mal. El problema empieza cuando lleva tanto tiempo puesta la armadura que ya no puede quitársela y acaba olvidando quién es realmente.
Nuestros escudos o máscaras nos ocultan, nos protegen de nuestro temor a no ser queridos y aceptados como somos, pero nos alejan de nuestro yo verdadero y de relaciones profundas y sinceras tanto con nosotros mismos como con los demás.
Son muchas las enseñanzas que se pueden extraer de esta metáfora, que habla de cómo podemos liberarnos de las barreras que nos impiden conocernos, aceptarnos y amarnos a nosotros mismos para vivir y amar plenamente. Recomiendo dedicar un rato a la lectura o escucha de este cuento ya que invita a la reflexión y contiene una profunda sabiduría.
Aquí puedes escuchar el cuento :audio del «El caballero de la armadura oxidada»
Para leer el cuento pulsa aquí: libro «El caballero de la armadura oxidada»
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Las crisis, ¿Una oportunidad para crecer?
Por muy saludable, rica, organizada y plena que sea nuestra vida, todos pasamos por momentos difíciles (una ruptura de pareja, la pérdida de un ser querido, pasar por una enfermedad grave, el fracaso, ser despedidos del trabajo…). Estas experiencias normalmente producen un cambio en nuestra vida al que nos tenemos que adaptar. A veces el cambio es externo y objetivo (en el trabajo, en nuestros roles sociales…), pero a menudo también se produce un cambio a nivel interno.
¿Quién no ha pasado por un momento complicado o una crisis en su vida?
Cuando vivimos una experiencia que trastoca nuestra vida y nos enfrenta a cosas que quizá no nos habíamos planteado, nuestro equilibrio previo se rompe y podemos vivir una crisis personal.
Si estás pasando por un momento de crisis, quizá te sientas perdido, triste, vulnerable, inseguro, confuso, bloqueado, enfadado, irritable… Lo que antes servía quizá haya dejado de servir y puede que te sientas ante un abismo sin saber a qué agarrarte.
Sentirse así es incómodo, puede que quieras evitar el dolor y huir de él, quizá quieras estar ocupado y actuar como si nada pasara. Es normal y recomendable distraerse de lo que nos crea conflicto y malestar de vez en cuando, pero cuando se convierte en una evitación permanente nos impide resolver el problema (las heridas cierran en falso). Sólo cuándo aceptamos y procesamos lo que nos está pasando, podemos digerirlo e incorporarlo a nuestra historia vital de una forma saludable, permitiendo que las heridas cicatricen.
Pero las crisis no son tan malas. Su parte positiva es que nos hace más receptivos a explorar nuevos puntos de vista, nuevas facetas de nosotros mismos, nuevas formas de entender el mundo y la vida, ofreciéndonos una oportunidad de aprendizaje y crecimiento personal.
Piensa en alguna crisis que hayas superado, quizá te sorprendas encontrando un aprendizaje o algo positivo que hayas sacado de esa experiencia.
Generalmente aprendemos de las circunstancias difíciles, las que nos sacan de nuestra rutina y nos hacen reflexionar, y cuando logramos superar la crisis, generalmente lo hacemos con un aprendizaje, una lección.
En psicología se habla de resiliencia para hacer referencia a esa capacidad del ser humano para hacer frente a las adversidades de la vida, superándolas e incluso siendo transformado positivamente por ellas.
¿Por qué unas personas se rompen y otras consiguen superar la situación y crecer?
Una característica relacionada con esta capacidad de adaptación y crecimiento tiene que ver con la flexibilidad. La siguiente metáfora habla de la importancia de la flexibilidad a la hora de adaptarse a nuevas circunstancias vitales y superar crisis.
Erase una vez un árbol, un árbol firme y duro, con unas raíces profundas que lo sujetan al suelo. Ante el azote de una gran tempestad, el árbol tan rígido como era, se rompió y fue arrastrado por la corriente.
Mientras el árbol vagaba por la corriente se encontró con un junco, el junco estaba erguido, había soportado la gran tempestad. El árbol extrañado le pregunto al junco ¿Cómo es que tú tan frágil que pareces has soportado el temporal y yo me he roto? a lo que el junco contestó: Yo también me hundí con la tempestad, pero mis raíces me mantuvieron sujeto y gracias a mi flexibilidad en lugar de romperme, solo me hundí temporalmente y luego me recompuse y me volví a levantar.
Esta metáfora habla de dos cosas importantes, por un lado nuestros valores profundos (las raíces) que nos mantienen en nuestros objetivos, y por otro lado, la flexibilidad que nos permite adaptarnos a las nuevas circunstancias.
El junco que a primera vista es tan pequeño y frágil, nos demuestra que nadie es grande por su apariencia exterior, sino por la grandeza de su espíritu. Las personas con gran resiliencia se caracterizan por su fortaleza interior, son personas que buscan y se conectan con sus valores más profundos, y este conocimiento es lo que les permite dominar sus reacciones emocionales y superar la adversidad.
“Soy el capitán de mi alma, el dueño de mi destino”. Nelson Mandela
En los siguiente vídeo puedes ver un ejemplo de resiliencia. Adriana Macías nos cuenta su experiencia, cómo a pesar de haber tenido muchas dificultades en la vida (porque nació sin brazos), consiguió desarrollarse y construir un proyecto vital positivo. Vídeo
Una persona feliz no es una persona sin problemas, esto es imposible. Las crisis y dificultades forman parte de la vida. La actitud con la que decidimos afrontarlas es nuestra elección.
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