¿Una etapa difícil? Herramientas psicológicas útiles para crecer en la adversidad.

  • ESCÚCHATE. Conocernos mejor nos permite darnos cuenta de nuestras necesidades y canalizar nuestras emociones de forma positiva, ayudándonos a encontrar una adaptación positiva al cambio.
  • PERMITETÉ SENTIR. Intenta comprender tus emociones y aceptarlas de forma amable. Es normal que las cosas nos afecten. Las cosas no siempre ocurren cómo habíamos desado y no siepre hemos actuado como nos hubiera gustado. Aceptar tu lado humano y ámate con tus limitaciones, te ayudará a recuperarte y seguir adelante.
  • SONRÍE. Fomenta las emociones placenteras, los momentos agradables, distendidos, divertidos. Te ayudará a desconectar, liberar tensión y coger energía.
  • SE REALISTA. En la vida suceden cosas agradables y desagradables. No caigas en el victimismo o la personalización “Todo me pasa a mi”
  • COMPARTE TUS EMOCIONES. Rodéate de personas que suman, te liberará y te sentirás menos solo.
  • CUIDATE. Mejorar tu salud física y mental te ayudará a sentirte mejor y mantener tu equilibrio. Practica algo de ejercicio, deja espacio para tus hobbies… Eso te ayudará a cargar la pilas y poder con todo lo demás.
  • SE FLEXIBLE. No podemos controlarlo todo, procura adaptarte a lo que va viniendo respetando tus ritmos. El perfeccionismo excesivo y la rigidez nos hace sufrir y no es útil.
  • BUSCA UN APRENDIZAJE. Busca una forma de transformar tus dificultades y errores en aprendizajes.

Para saber más sobre la resiliencia pincha aquí

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¿Cómo han vivido la pandemia los jóvenes?

El COVID-19 indudablemente ha tenido una repercusión en el bienestar psicológico y social. Si bien ha afectado a toda la población parece que especialmente en la población joven.

Aquí puedes ver un vídeo que refleja la opinión de los jóvenes

Según los resultados de la encuesta realizada por ERYCA (Agencia Europea para la Información y el Asesoramiento de los Jóvenes), para la gran mayoría de los jóvenes (aprox. un 85%) el impacto del covid-19 ha sido negativo en mayor o menor medida. Provocando malestar en las siguientes áreas:

  • Dificultad por el aislamiento social. Falta de relaciones y contacto humano.
  • Dificultad con los estudios. Los jóvenes se han tenido que adaptar a una forma de trabajo diferente, a veces con falta de medios para los estudios a distancia (espacios, ordenadores, accesi a internet). Algunos han tenido incertidumbre o problemas a la hora de realizar prácticas y hacer planes de futuro.
  • Dificultad por el confinamiento. También ha generado malestar la privación de libertad para salir, moverse y hacer actividades al aire libre. El estar recluido ha influido en una mayor frustración y en ocasiones conflictos familiares que se han producido o acrecentado.

Según las encuestas 1 de cada 3 jóvenes ha experimentado ansiedad o estrés. Y hablan de emociones como inseguridad, miedo, tristeza, desmotivación, soledad, aislamiento, inestabilidad emocional, aburrimiento y rabia.

Un poco de autoreflexión…

Es posible que hayas pasado por diferentes momentos y que hayan surgido emociones difíciles.

¿Como te ha afectado a ti la pandemia? ¿Y a tu familia? ¿Qué ha sido más duro? ¿Has sacado algo positivo? ¿Qué te ha ayudado?

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El arte de ser optimista

¿Alguna vez te has parado a pensar en cuáles son tus hábitos mentales? ¿cómo es tu lenguaje interior? ¿Crees que eres optimista? Te invito a que hagas una pequeña reflexión sobre este tema

¿Qué es ser optimista?¿Qué  caracteriza a una persona optimista?

Una persona optimista ve el lado positivo de la vida Tiene esperanza, energía y fuerza, y cuando hay un problema responde focalizándose en los recursos para resolverlo.

Popularmente se dice que “un optimista es un pesimista mal informado”, que no se puede ser optimista y realista. En cambio ser optimista no significa negar el dolor, ni la realidad. Más bien ser optimista es aceptar lo que duele y ver qué podemos hacer,  sin olvidar el lado bueno de las cosas.

¿El optimista nace o se hace?¿La habilidad de ver la vida de forma positiva es innata o se puede aprender? Hay quien desde que era un niño tuvo un temperamento alegre y se sentía capaz de enfrentarse a los problemas, pero seguramente ese niño también tuvo un ambiente que lo valoró, lo empoderó y reforzó esta actitud frente a la adversidad.  No obstante no siempre recibimos esos mensajes o nos ayudan a valorar lo que tenemos y gestionar los fracasos, los miedos, la frustración… A veces se consigue ser optimista con mucho esfuerzo, consecuencia de un proceso de cambio. Teniendo en cuenta esto, todos podemos aprender a ser más positivos,  el primer paso es ser más conscientes de cómo es nuestro pensamiento, a que le damos alimento.

Cómo nos sentimos y reaccionamos frente a lo que nos sucede depende de los que nos contamos. Por ejemplo si se me cae un café puedo tomarlo con humor o puede joderme el día ¿De qué depende?  ¿Qué crees que se está diciendo el que se lo toma con humor? ¿Y que crees que se dice aquél al que le jode el día?.

Trabajo personal.

Piensa en una situación que te ha generado malestar, que te ha afectado… ¿Cómo has interpretado la situación? ¿Que juicios has realizado? ¿Has sido positivo o negativo? ¿Esos pensamientos te abren puertas o te limitan?

¿En qué situaciones te cuesta ser optimista? ¿Por qué? ¿De dónde vienen tus juicios, puedes identificar el origen? ¿Esos juicios son verdades o solo una forma de ver las cosas? ¿estás generalizando a partir de una experiencia de tu pasado? ¿Puedes hacer algo por cambiar las cosas?

¿Cómo gestionas tus fracasos? ¿Te auto-condenas o eres amable contigo mismo? ¿Te auto-castigas o aprendes y buscas soluciones? ¿Qué crees que es más práctico?

¿Cómo puedes ser más optimista? ¿Cómo puedes enfrentarte a las dificultades de forma más positiva? ¿Qué te sirve a ti?

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El arte de la aceptación

344-sonrisa-falsa-300x242Vivimos en un mundo en el que hay mucha presión para ser feliz. Nos cuesta mucho aceptar nuestras emociones o sentimientos “negativos” como una parte normal de la vida y de la existencia. Esta resistencia a aceptar y a vivir plenamente lo que nos toca vivir nos genera sufrimiento.

Por mucho empeño que le pongamos, las cosas no siempre salen como deseábamos.  No podemos controlar todos los factores y, como humanos, a veces también nos equivocamos y no reaccionamos como nos hubiera gustado. Así que, nos guste o no, todos tenemos que aprender a relacionarnos con emociones desagradables como el miedo, la rabia, la tristeza o la culpa.

¿Por qué nos cuesta tanto aceptar estas emociones?

Desde que somos pequeños escuchamos que no debemos tener esos sentimientos. Las personas que nos quieren no quieren vernos sufrir, les cuesta convivir con esas emociones “negativas”, escucharlas y aceptarlas. Rápidamente nos las quieren quitar, antes de que nos hayamos podido desahogar, comprender lo que nos afecta y expresar lo que sentimos.  Seguramente te suenen  frases como  “no digas bobadas”, “no pienses en eso”, “no es para tanto”, “no tienes que tener miedo”  o “lo que tienes que hacer es dejarte de tonterías”

Estos mensajes suelen enseñarnos a reprimir la emoción. Es muy posible que tratemos de no hacer caso de esas emociones, porque “no son correctas”. Pero esto no hace que desaparezcan, solo hace que no las escuchemos. El problema es que solo escuchándolas y gestionándolas podemos entender lo que nos pasa y encontrar una solución a nuestras necesidades. Aunque nos intentemos distanciar de estas emociones, ellas nos perseguirán hasta que sean escuchadas.

“La distancia genera incomprensión y la incomprensión genera sufrimiento.”

Puede que hayamos aprendido a estar ocupados, ignorando estas emociones, y haciendo lo que se espera de nosotros. Pero ¿qué hacer cuando bajan nuestras defensas y nos las  encontramos en lo más profundo de nuestro ser? ¿Qué hacer cuando ya no podemos seguir negándonos? ¿Qué hacemos ante el terrible contacto con nosotros mismos, con nuestra parte vulnerable?

Hemos aprendido que eso es inaceptable y que de eso no se habla,  así que probablemente nos sentiremos solos ante esos sentimientos y mal con nosotros mismos, entrando en una espiral negativa de autocrítica y autodestrucción: “me siento mal porque estoy mal”. Esto puede llegar a afectar a nuestro autoconcepto haciendo esos sentimientos más grandes, sobrecogedores e inconfesables. Ya no es que tenga un sentimiento porque una situación me ha afectado o porque tengo algo que solucionar, ahora puede que yo sea el problema y que aparezcan pensamientos como estos: “no debería ser así”, “no debería sentirme así”, “nadie puede quererme así”, “así no puedo aportar nada a nadie” “se darán cuenta de que no puedo” “solo soy una carga”…

Si no conseguimos racionalizar estas ideas extremas, irreales e incapacitantes que nos hemos llegado a creer, los problemas se hacen crónicos. Puede que nos cueste pensar, concentrarnos, que nos sintamos inseguros o que no confiemos en nuestra capacidad, sintiéndonos paralizados.

Muchos problemas psicológicos vienen de estos dos intentos de encontrar una solución a nuestra “inadecuación”. Por un lado intentar huir a toda costa de nuestras emociones y del sufrimiento a través del trabajo excesivo, las drogas, la comida, comprar compulsivamente, procurar estar siempre atareados…  Y por otro lado, intentar hacer frente al problema a través de la sobreimplicación emocional.  En este caso magnificamos nuestras sentimientos y nuestra culpa, sin ser proactivos, solo hundiéndonos y castigándonos más y más. Esto es muy doloroso y destructivo, y el temor más grande de aquellos que han aprendido a huir para protegerse.

Ninguna de estas dos “soluciones” ayuda a gestionar nuestro malestar y a encontrar la paz interior. Nos llevan, o bien a revolcarnos en el estiércol emocional, o bien a distraernos de un malestar que no se va, solo se camufla.

¿Entonces, qué hacer? ¿Qué es lo que nos ayuda a estar con nuestras emociones y a manejarlas?

ACEPTAR. Aceptar que las cosas nos afectan, aceptar lo que nos ocurre, aceptar nuestra humanidad y nuestras emociones. Tienes derecho a sentir rabia, pena, disgusto o enfado. Estas son emociones normales, es más, son inevitables y han aparecido por alguna razón.

Sentir está bien. Nuestros sentimientos nos dan información sobre lo que pasa en nuestras vidas, lo que necesitamos o lo que es importante para nosotros. Nuestros sentimientos simplemente nos dicen que tenemos algo que resolver.

Cuando escuchas lo que te pasa, lo comprendes y lo aceptas, gran parte del dolor desaparece. Aprendemos a vivir con nuestras emociones y con nuestros errores de una forma proactiva: reconociendo, aprendiendo de nuestras equivocaciones y enfocándonos en nuestros valores y objetivos. Sabiendo que podemos tomar decisiones, que somos capaces de pensar y de enfrentarnos al mundo.

Algunas veces tenemos que cambiar algo en nuestra vida o nuestra situación. Otras veces quizá el problema no está en la situación, sino en cómo la estamos viviendo, en cómo estamos interpretando lo que nos pasa. Tendemos a ver las cosas de un modo catastrófico y autocrítico, centrándonos en lo negativo y anticipando lo peor. Esto con frecuencia es exagerado e irreal. A veces tenemos que observar si nuestros pensamientos son objetivos, si se pueden ver las cosas de otra manera o si hay otras alternativas a la catástrofe universal. Incluso en el peor de los casos, somos capaces de soportar más de lo que creemos, no somos tan frágiles.

Si vemos que estamos atascados en una emoción, quizá sea necesario pedir ayuda.  A veces compartirlo ayuda a verlo de otro modo y tomar perspectiva. También el hecho de ser aceptados como somos nos ayuda a aceptarnos.

Reconocer nuestros sentimientos no significa dejarnos llevar por ellos, sino todo lo contrario. Significa reconocer la realidad, y nos predispone a actuar conforme a lo que hay, de forma consciente y orientándonos por nuestros valores en lugar de dejarnos arrastrar por un sentimiento que no queremos reconocer ,pero que se filtra y que no podemos disimular.

Reconocer nuestros sentimientos significa vivir con autenticidad, responsabilizándonos de lo que sentimos, lo que nos toca vivir y actuando en consecuencia.

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El duelo

¿Qué es el duelo?

Casi todos solemos asociar esta palabra a la muerte. Decimos que alguien está en duelo cuándo se ha muerto un ser querido, pero en realidad la palabra duelo explica todo un proceso emocional que puede abarcar diferentes situaciones relacionadas con la pérdida y que trataré de explicar en los siguientes párrafos.

El duelo es el proceso de adaptación emocional a tristeza-klimtcualquier pérdida de algo que es importante para nosotros. A veces es la muerte de un ser querido, pero a veces es una ruptura sentimental, la pérdida de algún amigo o de la confianza que teníamos en alguien. También la pérdida de un trabajo, la pérdida de la salud o incluso la pérdida de un proyecto o de un ideal, como por ejemplo el duelo por un hijo que no llegó a nacer, o un duelo por una persona que apenas conocíamos pero con la que nos habíamos ilusionado.

Todos tenemos pérdidas, por lo tanto todos a veces estamos tristes o pasamos por duelos a lo largo de nuestra vida.

¿Qué es lo que ocurre cuándo vivimos un duelo? 

Voy a explicarlo con una metáfora:

Imagina por un momento que tu vida es una casa, una casa que hemos ido construyendo según nuestras experiencias. Esta casa tiene pilares y vigas maestras que la sustentan. Cuando perdemos algo muy importante en nuestra vida es como si un pilar de nuestra casa se hubiese roto, y si es un pilar fundamental, a veces la casa se desmorona y hay que reconstruirla. De pronto nos encontramos desolados y entre ruinas, nada parece servir o tener sentido. Después de gritar, enfadarnos o llorar nuestra pérdida comenzaremos poco a poco a reconstruir la casa, poniendo pieza a pieza. Algunos materiales antiguos siguen valiendo, pero a veces también se introducen nuevos materiales o se hacen algunas modificaciones con respecto a la casa original. Quizá, en este proceso de reconstrucción que nos hace plantearnos tantas cosas, decidamos cambiar algunas de ellas o buscar nuevos apoyos y es una oportunidad para el cambio.

Asimilar la pérdida y digerirla no es fácil, lleva su tiempo. La palabra duelo viene de dolor, porque  es un proceso largo y doloroso que va desde la pérdida hasta la aceptación de lo ocurrido y la adaptación a la nueva situación.  Para resolver adecuadamente el duelo es necesario comprender lo que ha pasado,  el dolor que produce y  el significado que tenía para nosotros eso que hemos perdido. El duelo se resuelve cuando somos capaces de aceptar la pérdida, incorporándola a nuestra historia de una forma saludable que nos permita seguir adelante con nuestra vida.

 ¿Todos los duelos son iguales?

Los duelos tienen cosas en común, pero las características del duelo dependen de la pérdida. No es lo mismo que la pérdida haya sido progresiva y la hemos ido elaborando a que haya sido de golpe. No es lo mismo perder a un hijo, que a un abuelo, o que a una pareja. Ni siquiera es igual perder a una pareja para todo el mundo, o puede que el duelo que viviste con una pareja no sea igual que el que viviste con otra (la relación que tenías con esas personas probablemente también era diferente). Tampoco se vive de la misma manera cuando una persona fallece que cuando la pérdida se produce por una ruptura o un distanciamiento.

Por lo tanto la forma de vivir el duelo no va a ser siempre la misma, pero trataré de describir a continuación algunas etapas que suelen darse en el duelo, aunque no siempre se dan todas ellas y no siempre se dan siempre en el mismo orden. No es un camino recto, hay avances y retrocesos.

Las etapas del duelo

Al principio, y sobre todo si ha sido una ruptura abrupta, es habitual sentir que eso no es real, que no nos está pasando. A nivel emocional puede que estemos en shock, que todavía no hayamos asimilado lo ocurrido y que sintamos bloqueo o confusión. Es habitual que sea difícil concentrarse, que nos sintamos dispersos, que nos cueste tomar decisiones y que la conducta en estos primeros momentos esté desorganizada.

Más adelante, es posible que nuestra cabeza busque soluciones o negociaciones. En el caso de una pareja, puede que intentemos cambiar para recuperar el amor perdido. En el de una enfermedad, puede que busquemos otras opiniones médicas o tratamientos, puede incluso que recurramos a Dios y le roguemos o prometamos a cambio de su favor divino. En definitiva, a veces nos negamos a aceptar la pérdida y luchamos para recuperar lo perdido. Las emociones podrían ir desde la lucha, el enfado, la frustración y la rabia, a la tristeza, la desesperación, la culpa, la derrota y la resignación.  A menudo hay una mezcla de emociones que vienen y van y las personas se sienten en una montaña rusa emocional.  Todos estos sentimientos son normales. Es imposible que ocurra algo que trastoque profundamente nuestra vidas y que no nos afecte.

En ocasiones las personas no son capaces de sentir y existe un bloqueo emocional. Puede incluso que haya una aparente normalidad y superación. No todas las pérdidas tienen por qué ser traumáticas pero cuando se produce una evitación emocional, consciente o inconsciente, esto nos impide comprender y procesar lo que nos ha pasado e incorporarlo en nuestra historia de vida de una forma saludable. En ocasiones los duelos no se curan: se enquistan, y salen a la luz más adelante.

La negación, el shock, la ira, la tristeza, impotencia, vacío, culpa, ansiedad, miedo, apatía, abatimiento, sentimiento de soledad o de abandono, confusión, insensibilidad, alivio, anhelo, incredulidad, las preocupaciones, las sensaciones de ahogo, de opresión en el pecho o un nudo en la garganta, son reacciones normales en un proceso de duelo y vivir las emociones es necesario para curar la herida. Si ponemos una tirita encima habremos tapado, pero no curado, esa herida. Aún cuando curamos cuidadosamente la herida, siempre quedará una cicatriz, pero el dolor no será igual al de una herida abierta.

¿Cuál es la fase final del duelo? ¿Cuándo termina el duelo? Cuando acepto la pérdida y tengo cierta serenidad con respecto al pasado.  Poco a poco la vida se va normalizando y la energía se va dirigiendo hacia otras personas y actividades. A veces, incluso, se puede sentir agradecimiento por los buenos momentos vividos o por el aprendizaje que ha supuesto esta crisis.

¿Qué tareas hay que llevar a cabo en un duelo?

Según William Worden, psicólogo especialista en el tratamiento del duelo, hay que hacer las siguiente tareas para avanzar en el duelo:

  •  Aceptar la realidad de la pérdida
  • Trabajar las emociones, el dolor que produce el pasado y el significado de lo perdido en nuestra vida. Puede que implique incluso reconstruir tu propia identidad. Cuando perdemos algo que amamos, perdemos una parte de nosotros que hay que rehacer  ¿Quién soy yo ahora?
  • Adaptarse a una nueva vida sin aquello que perdimos y enfrentarnos al dolor que nos produce el día a día. Esto, en ocasiones, implica asumir nuevas tareas o roles.
  • Recolocar emocionalmente lo perdido y seguir viviendo.

Un duelo bien hecho te hace procesar tantas cosas que puede hacerte más sabio:

  • Las personas descubren otra parte de sí mismas que desconocían, encuentran una valentía o fortaleza que no eran conscientes de tener o se dan cuenta de que, a pesar de todo, pueden salir adelante. No están solas porque se encuentran a sí mismas.
  • Se aprende a priorizar. Las personas dejan de gastar tanta energía en pequeñas cosas superficiales por las que antes sufrían y lo realmente importante cobra más valor.
  • En las relaciones de pareja rotas, un duelo bien hecho nos ayuda a comprender qué es lo que queremos en una relación y el qué no estamos dispuestos a permitir. Este análisis ayuda a no cometer las mismas equivocaciones en otras relaciones futuras.

Las personas que han superado un duelo, a menudo se vuelven más humanas, y dicha experiencia les ayuda a comprender el sufrimiento de otras personas y a ser más compasivas.

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Aquí os dejo un fragmento de la película “En busca del valle encantado”  en el que se refleja muy bien el duelo que el protagonista (Piecito) tiene que hacer por la muerte de su madre. En este fragmento vemos como el viejo “Hocicos” ayuda a Piecito con el enfado y la frustración por la muerte de su madre.

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El amor más allá de la pareja.

img_275011507966516_1Quiero hablar del amor porque si hay algo que mueve el mundo y que da sentido a nuestra existencia es el amor. El amor es una de las emociones más capacitantes. Cuando alimentamos el amor en nuestro corazón este sentimiento nos llena de paz, de energía, de positividad, de bondad y de compasión hacia el que sufre.

Y con amor no solo me refiero al amor de pareja, me refiero a un concepto mucho más amplio. Hay muchas clases y tipos de amor: el amor a uno mismo, el amor a la naturaleza, el amor de hermano, de amigo, de madre, de hijo, a los animales, espiritual, a la humanidad… El amor se puede encontrar en distintos lugares e incluso en todos los lugares.

¿Por qué se caracteriza el amor? ¿Qué ingredientes tiene el amor? ¿Cómo se cultiva el amor? 

El amor es comprensión, es ternura, es confianza, es valorar, es cuidar, es aceptar a cada uno como es, es libertad, es compasión, es compartir mi felicidad y desear la felicidad del otro.

Según las palabras de Thich Nhat Hann el verdadero amor tiene cuatro características:

 Bondad incondicional o benevolencia. Capacidad de dar alegría y felicidad a la persona que amas. Aprender a observar a quién amamos porque si no la comprendemos no la podremos amar. La comprensión es la esencia del amor. Dedicar tiempo a estar presente y atento y observar profundamente. A eso se le llama comprensión.

 Compasión. Deseo y capacidad de aliviar el sufrimiento de otra persona. Para conocer la naturaleza de su sufrimiento y ayudarla a cambiar, también hay que observarla profundamente. Para eso es necesaria la meditación. Meditar es observar a fondo la esencia de las cosas.

Alegría. Si en el amor no hay alegría, no se trata de verdadero amor. Si estamos sufriendo y llorando todo el tiempo o si se hace llorar a la persona que amamos, eso significa que no se trata de un verdadero amor, incluso puede llegar a ser lo opuesto a él. Si en la relación de pareja no hay alegría, seguro que no es un verdadero amor.

Ecuanimidad y libertad. El verdadero amor hace alcanzar la libertad. Cuando se ama de verdad se le da al otro una absoluta libertad. Si no es así, no se trata de un verdadero amor. El otro debe sentirse libre, no solo por fuera, sino también por dentro.

Fuente: “El verdadero amor”. Thich Nhat Hanh, 2004

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“Yo soy yo. Tú eres tú…” Fritz Perls

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¿Qué puedo hacer con el miedo?

La función del miedo es protegernos pero ¿cuántas veces el miedo nos bloquea y nos impide avanzar? ¿Cuántas veces el miedo no nos deja disfrutar de lo que tenemos delante?

A veces el miedo evita que nos expongamos a peligros, pero otras veces, aunque en el fondo sabemos que enfrentarnos a una situación sería algo bueno para nosotros, que podríamos ganar mucho, nuestro miedo a equivocarnos, a no hacerlo bien, nos impide dar el paso, nos bloquea, no nos deja pisar con fuerza y nos empuja a la retirada.

Cuando el miedo nos puede, vamos dando pasos atrás, pero al evitar enfrentarnos a él, en lugar de hacerse más pequeño, nuestro temor se hace más grande. Cada vez que ante una situación el miedo nos hace posponerla, retirarnos sin intentarlo o afrontarla sin decisión, nos sentimos un poco más indefensos, un poco más incapaces. Entonces el miedo se alimenta y crece y nos enfrentamos no sólo a la realidad sino también a ese fantasma que hemos ido creando en nuestra mente. Ese fantasma enorme sólo nos deja ver todo aquello que confirma nuestro temor, nos lleva más allá de lo que realmente está delante de nosotros, nos lleva al peor de los casos, al drama y nuestra mente no ve otras posibilidades aunque las haya.

Para identificar estos fantasmas y su funcionamiento pongo un ejemplo: puede que te hayas sorprendido a ti mismo pensando algo parecido a esto “Si la cago nunca nadie volverá a confiar en mi, mi futuro estará arruinado”. Frases como esta son tan extremas que son irreales, alimentan al fantasma y hacen daño. A nadie le gusta equivocarse, pero todos nos equivocamos a veces. Eso forma parte del aprendizaje y no significa que nunca nadie volverá a confiar en ti, ni mucho menos que tu futuro esté arruinado. Normalmente la gente no se toma tan en serio tus errores y aún cuando descubras que algo no se te da bien, las posibilidades de tu futuro son infinitas y el mundo seguirá girando a pesar de tu error.

Y entonces os preguntaréis ¿cómo podemos liberarnos de nuestros fantasmas, de nuestros miedos? Tener miedo es algo natural. Sin el miedo probablemente no sobreviviríamos, así que siento deciros que aunque vuestro deseo sea que desaparezca por completo esto no va a ser posible. Pero podemos aprender a conquistarlo, podemos aprender a enfrentarnos, a no alimentarlo tanto que nos paralice y a seguir a pesar del miedo.

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“No es valiente quien no tiene miedo sino quien se atreve a conquistarlo” Nelson Mandela.

¿Y qué es lo que ocurre cuando nos enfrentamos a pesar del miedo? Cuando nos enfrentamos a la situación de una forma realista, sin dramatizar, preparándonos, buscando nuestras fortalezas, y pidiendo ayuda, superamos nuestros miedos. Es entonces cuando vamos cogiendo confianza en nosotros mismos y esos temores se van haciendo más pequeños al mismo tiempo que nuestra autoestima va creciendo. Aunque hay que matizar algo: está bien buscar ayuda pero si siempre DELEGO, me hago dependiente, me siento incapaz y nunca superaré el miedo.

¡Ánimo! ¡Atrévete! ¡A pesar del miedo, puedes!

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Y tú, ¿cómo caminas?

De la mano de una escena de la inspiradora película “El club de los poetas muertos” os invito a la siguiente reflexión sobre nuestro modo de andar por la vida.

Esta escena habla sobre la vida, sobre nuestro modo de caminar en ella, y de la dificultad de mantener contacto con nuestras propias convicciones frente a los demás.

Empiezo citando la primera frase: “No es ninguna prueba señores, solo es un paseo”. Si esta escena es una metáfora sobre la vida, la vida sólo es eso, un paseo. ¿Nos permitimos disfrutar del paseo? ¿Nos permitimos experimentar, probar, elegir nuestro modo de caminar? ¿O estamos tan cegados en ser uno más, en llegar a los objetivos, que no nos permitimos sentir nuestro ritmo?

“Si se han fijado, los tres han empezado a su aire, a su propio ritmo”. Así es como empezamos la vida. Cuando nacemos solo SOMOS, hacemos lo que nos sale del interior, del alma. Cuando nacemos solo sentimos, no sabemos de normas, ni de deberías, ni de tendrías que…

Vamos creciendo y pronto la sociedad nos va proyectando obligaciones, normas, pautas de cómo deberíamos ser, de lo que deberíamos de conseguir, de cómo debemos comportarnos. “Izquierda, izquierda, izquierda, derecha, izquierda”. Debido a nuestra necesidad de adaptación vamos interiorizando esas normas, intentamos hacer aquello que se espera de nosotros: ser buenos hijos, amigos, alumnos, padres, esposos… Intentamos cumplir con las expectativas que los demás tienen de nosotros para conseguir la anhelada aprobación de los padres y aceptación de nuestros iguales. Tengo miedo de que si no estoy a la altura no me quieran, y desde ahí empiezo a actuar, creando un personaje que yo creo que será aceptado.

Las normas son necesarias, ayudan a convivir pacíficamente, pero a veces queremos encajar y complacer tanto que perdemos contacto con nosotros mismos.

Cuántas personas me he encontrado que dicen: “hice todo lo que se esperaba de mí, ¿por qué no soy feliz?”, ¿Qué es lo que pasa? Tantos años siguiendo la corriente, tantos años agradando a todos y quizá, llegado a un punto, en lugar de sentir que nos agradecen, nos sintamos frustrados. ¿Por qué? Quizá hayamos silenciado a nuestro “yo”, quizá la construcción de nuestras vidas se ha basado en la aprobación y no está en sintonía con nuestro yo profundo.

Aquí viene otra frase de la película: “Les he hecho salir para ilustrar la cuestión de la conformidad, la dificultad de mantener nuestras propias convicciones frente a los demás” En el vídeo podemos ver la tendencia a pertenecer al grupo, la tendencia a adaptarnos a la norma frente a la necesidad de encontrar las propias convicciones. “Pero deben pensar que sus convicciones son únicas, les pertenecen, aunque a otros les puedan parecer raras o inaceptables, aunque la manada diga: esta mal”

“Dos caminos divergían en el bosque, y yo tomé el menos transitado. Eso hizo toda la diferencia.” Robert Frost

“Prueben, encuentren su camino, su propio estilo de caminar”

¿Cómo estoy caminando? ¿Soy fiel a mi mismo? ¿Cómo quiero caminar? ¿Cuál quiero que sea mi energía? ¿Qué puedo aportar yo a la sociedad? ¿Cómo puedo hacerlo?

Espero que estas preguntas te acerquen de vuelta al SER, al autodescubrimiento, a aquello que quieres hacer, a tomar contacto con tus talentos e intentar un modo de caminar diferente: tu modo de caminar.

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Sobre acudir a un psicólogo

Se suele pensar que ir al psicólogo es de locos, pero a mi consulta muy a menudo llegan personas valientes, que buscan ayuda cuando la necesitan, que se comprometen consigo mismas y que tienen el coraje de encarar los problemas. Me encuentro con gente sabía y verdaderos maestros que son un ejemplo de lucha, de fortaleza, de superación, de sensibilidad, de honestidad, de humildad…

Si estas pasando por un mal momento, te cuesta encontrar las fuerzas, no sabes como hacer frente a una situación, sientes que la 6gente de tu alrededor no te entiende o no puede ayudarte: Busca ayuda profesional. No tienes porque pasar por eso tu sol@.

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