Sobre el valor del dinero

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En nuestra sociedad damos mucha importancia al tener, e incluso nos creamos falsas necesidades. Pero la felicidad, la capacidad de disfrutar de las cosas, está en nuestro interior. Las necesidades básicas son muy poquitas (comida, bebida, protección de las inclemencias del tiempo) y en cambio lo que nos ofrece el mundo es muy grande (la naturaleza, los sentidos, capacidad para amar, de ayudar, de reír, de reflexionar) Esto no vale dinero, tomar conciencia de ello y valorarlo está en nuestra mano.

Con esto no quiero decir que no esté bien poseer cosas materiales y disfrutar de ellas, siempre y cuando sigamos siendo conscientes de que es algo para usar y disfrutar, pero que ninguna cosa material nos da más valor personal, porque el valor personal está en nuestro interior. Tampoco lo necesitamos para ser felices, podríamos ser felices sin muchas de las cosas que poseemos.

Aquí dejo unos vídeos que nos ayudan a reflexionar sobre este tema.

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Las emociones: las grandes desconocidas que dominan nuestra vida.

 

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En este artículo voy a hablar de algo muy importante para la vida, las emociones, sí, y es que, seamos más o menos conscientes de ellas, influyen en nuestra vida en todo momento.

Solemos pensar que somos seres racionales  pero lo cierto es que, lo creas o no, nuestras emociones  juegan un papel fundamental en la vida. Contestándote a las siguientes preguntas te darás cuenta de lo esenciales que son: ¿Crees que se puede vivir sin emociones? ¿Se puede vivir sin miedo? ¿Se puede trabajar sin motivación? ¿Se puede crear sin entusiasmo?

Las emociones son las que nos mueven,  las que nos impulsan a la acción, son el motor de la vida. Sin las emociones seríamos seres inactivos.  Por eso son esenciales para la supervivencia y, evolutivamente, mucho anteriores a nuestra capacidad de pensar y de reflexionar.

Los primeros aprendizajes  que nos guían en la vida son emocionales,  más intuitivos que conscientes. Este aprendizaje es difícil de poner en palabras, pero está vinculado a nuestras experiencias. Su función es acercarnos a aquello que fue positivo, agradable y satisfactorio en el pasado y alejarnos de aquello que fue negativo, peligroso o desagradable. Gracias a este mecanismo podemos tomar decisiones basándonos en la intuición y reaccionar ante acontecimientos inesperados con prontitud.  Si tuviésemos que sopesar cada una de las decisiones exhaustivamente no seríamos eficaces, y en lo que analizamos paso a paso cada una de las opciones, el león ya nos hubiese comido.

Hay emociones que nos resultan más agradables que otras, pero todas ellas tienen una función adaptativa. No hay emociones buenas o malas por sí mismas, son como una brújula que nos orienta hacía aquello que resultó beneficioso en el pasado, defendiendo nuestra integridad física y psicológica.  Y, si estamos atentos, nos aportan información sobre aquello que es importante para nosotros y nos afecta.

Si eres humano, lo normal es que las cosas te afecten.  La inteligencia emocional no está en suprimir las emociones, sino en escuchar las emociones, entender lo que nos están diciendo y aprender a regularlas para que nos ayuden a vivir conforme a nuestros valores y a conseguir  nuestros objetivos.

¿Qué ocurre cuando las emociones son muy intensas?

Cuando la activación emocional es muy alta, en situaciones en las que nuestro cerebro interpreta una amenaza, ya sea física o psicológica, se produce un “secuestro emocional”, es decir, la emoción nos domina despreciando el camino racional.

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Para comprender qué ocurre en un secuestro emocional imaginad un lago. Cuando el agua está muy revuelta nos resulta imposible ver el fondo, pero cuando las aguas están reposadas y tranquilas somos capaces de ver perfectamente las piedras del fondo del lago. Es decir si la intensidad emocional es muy elevada, nubla nuestro campo de visión y no somos capaces de ver las cosas de una forma global y con perspectiva.

¿Alguna vez os habéis sentido dominados por alguna emoción?

¿Alguna vez habéis estado tan enfadados que sentís que os habéis dejado arrastrar por la emoción, dejando de ser fieles a vuestros valores? ¿O que incluso habéis trasladado ese enfado, estrés o frustración a otra situación o persona injustamente? Quizá os habéis sentido tan tristes que os habéis dejado llevar por esa emoción viendo todo de color negro…

 Estos son ejemplos de cómo las emociones pueden arrastrarnos  si nos dejamos llevar en lugar de parar, tomar conciencia de lo que nos afecta y decidir libremente como deseamos vivir la situación.

Cualquiera puede enfadarse, eso es algo muy sencillo. Pero enfadarse con la persona adecuada, en el grado exacto, en el momento oportuno, con el propósito justo y del modo correcto, eso ciertamente, no resulta tan sencillo.                                             

Aristóteles.

Puede que en un primer momento resulte atractivo liberar la emoción que sentimos, pero dejarnos llevar tiene sus riesgos. Todos podemos recordar alguna situación en la que hemos reaccionado “en caliente” y después nos hemos arrepentido por los efectos indeseables que ello ha ocasionado. La siguiente metáfora puede ayudarnos a comprender y recordar los conflictos que podemos generar conduciendo por la vida sin cuidado:

Imagínese que va conduciendo por una carretera, estrecha, de curvas pronunciadas y bordeada por profundos acantilados, una carretera difícil y peligrosa y, de repente, se desata una fuerte tormenta. El cielo se oscurece, parece que la lluvia es inminente, continua el camino mientras la lluvia se hace tan intensa que el limpiaparabrisas no da abasto para poder quitar el agua y ver con claridad lo que tiene delante. ¿Qué haría usted, pisar el acelerador o apartarse del camino, pisar el freno y esperar a que escampe?

Esta metáfora ayuda a comprender lo que ocurre cuando la intensidad emocional es muy alta, pero también nos aporta la clave de la regulación emocional, que consiste en darnos cuenta de cuándo se avecina una gran tormenta, parar a tiempo, respirar y esperar a estar tranquilo para tratar el problema.

Cuando paramos y comprendemos lo que nos pasa (aceptando que es normal que las cosas nos afecten), la activación emocional desciende y entonces podemos razonar, ver la situación con perspectiva y canalizar nuestras emociones en función de nuestros objetivos y valores.

Ejercicio para la autorregulación emocional

  • Parar, conectar con la respiración.calma interior y felicidad
  • Autoconciencia y autoaceptación: Ser conscientes de nuestras   emociones y observarlas sin juzgar, dándonos permiso para sentir lo que se siente. Es normal que las cosas nos afecten.
  • Aceptación de la situación. En lugar de quejarnos, pensar en lo que podemos hacer, lo que está en nuestras manos. Las cosas no siempre son como nos gustarían y no siempre podemos cambiar los acontecimientos, pero siempre podemos elegir la perspectiva desde la cual contemplarlos.
  • Autorregulación. Canalizar las emociones en función de nuestros valores y objetivos.

Este ejercicio no sólo es adecuado cuando las emociones nos sobrepasan, también puede ser útil en nuestro día a día para mejorar la consciencia de ti mismo, de lo que te afecta y de la actitud que quieres tener ante esas circunstancias.

Realizar este breve ejercicio al despertar puede influir mucho en cómo afrontamos nuestro día. Empieza recordándote las cosas importantes para tí, con qué quieres que se identifique tu día a día. Este ejercicio te dará energía para hacer aquello que va en dirección a tus sueños y a hacerlo con entusiasmo.

Recuerda que cómo afrontamos lo que nos toca vivir es nuestra libertad y nuestra responsabilidad. Puedes elegir dejarte llevar por las circunstancias y que una mala experiencia tiña de un humor negativo y pesimista todo tu día o aceptar que las cosas no siempre salen como queremos y actuar de una forma proactiva. ¿Qué eliges?

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El poder del aquí y el ahora. Mindfulness.

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Normalmente vamos con el piloto automático puesto, sin prestar mucha atención a lo que hacemos, con cientos de pensamientos en nuestra cabeza (sobre el pasado, el futuro, lo que me gusta, lo que tendría que ser…) y entre todas estas cavilaciones se nos escapa el momento presente, que es dónde realmente vivimos y podemos hacer cosas.

¿Qué es el mindfulness?

Mindfulness se puede traducir como atención o conciencia plena. Con este término se hace referencia a técnicas procedentes en sus orígenes del budismo y las prácticas meditativas, que pretenden entrenar nuestra mente para aprender a estar presentes y conectados con el aquí y el ahora.

La atención plena es una habilidad que todos tenemos y empleamos cuando somos plenamente conscientes de lo que estamos haciendo, pensando o sintiendo (absorbidos por una actividad). Pero también podemos entrenar esta capacidad y aprender a utilizarla de una forma consciente, cuando nosotros lo necesitamos. Ej. Cuando voy al trabajo y necesito concentrarme a pesar de que estoy alterado porque me ha afectado algo personal o profesionalmente.

La atención plena es la participación y la presencia en el proceso de vivir.

Características de la atención plena.

Uno de los requisitos importantes para practicar mindfulness reside en la capacidad de la mente de observar sin juzgar, sin criticar. Esta capacidad está presente en todas las personas, pero debido a los condicionamientos culturales, observar sin juzgar es muy difícil.

La conciencia plena trata de observar los sucesos como ocurren, momento a momento, con curiosidad y aceptación de la realidad tal cual es. Observar la experiencia con la mente de un principiante, como si ocurriera por primera vez, nos libera de prejuicios y esquemas previos, permitiendo desapegarnos emocionalmente de la experiencia y ver otros puntos de vista.

La realidad se desarrolla momento a momento, cada instante aporta algo distinto al anterior, cada momento es único.

Para centrarnos en el momento presente es necesario tener la mente receptiva, abriendo un hueco entre el pasado y el futuro, liberándonos de preocupaciones y de anticipaciones.

Aunque es evidente que la vida requiere de una cierta capacidad para planificar y prepararse para el futuro, en ocasiones empleamos demasiados esfuerzos anticipando, explorando sin parar posibles escenarios. Esta tendencia no es sana, porque nos impide disfrutar del presente y nos produce excesiva ansiedad y estrés impidiéndonos ser eficaces.

Del mismo modo, la reflexión sobre hechos pasados nos permite aprender para el futuro, pero si le damos muchas vueltas a las cosas con una excesiva autocrítica y condena, puede llevarnos a la depresión.

Como la atención debe mantenerse en el aquí y el ahora, hay que orientarla hacia lo que está ocurriendo en ese momento: las sensaciones corporales, los sonidos, los olores , las emociones, los sentimientos, es decir, aquello que experimenta mente y cuerpo. No se trata de analizarlo ni de pensar sobre ello, sino sólo de vivirlo como es (no como me gustaría que fuera).

Se trata de intentar ser uno mismo, confiando en nuestra capacidad, sensibilidad y sabiduría, tomando contacto con nuestra parte más intima, con nuestra parte más profunda. Esto nos ayuda a vivir plenamente, de acuerdo a nuestra esencia, con autenticidad.

La atención plena no pone el énfasis en el resultado, sino en el proceso. El éxito no sólo depende de nosotros mismos, pero sí somos responsables de la motivación, intención y atención dedicadas a lo que estamos haciendo.

No busque sólo resultados, fíjese en el proceso e intente hacer lo que tenga entre manos lo mejor que pueda.

hacer lo mejor con el momento que tenemos

Beneficios de la práctica de mindfulness.

Con la práctica de mindfulness conseguimos centrarnos en el momento presente, consiguiendo que nuestra mente esté más concentrada y menos dispersa, lo que nos hace ser más eficaces en nuestras tareas.

Situarse ante la propia experiencia con una actitud de observar sin juzgar, permite acceder experiencia en su desnudez, sin sesgos, sin prejuicios. Esto supone una disminución de pensamientos en nuestra mente y un aumento de la sensibilidad hacia lo que está ocurriendo en el momento presente. La sensación se puede equiparar a la del agua en constante ebullición que de repente se calmara, experimentando una sensación de serenidad y claridad mental que esta metáfora recoge muy bien.

El aumento de la concentración trae consigo la serenidad y el cultivo de la serenidad nos conduce a un aumento de comprensión de la realidad.

Por otro lado, la paz mental conseguida a través de la disminución de pensamientos perturbadores sobre aquello que ni esta presente, ni podemos controlar, nos permite disfrutar más de la vida y de la existencia con todos los sentidos, sin perder la riqueza y los matices de cada instante.

 “Sólo existen dos días en el año en que no se puede hacer nada. Uno se llama ayer y otro mañana. Por lo tanto hoy es el día ideal para amar, hacer y principalmente vivir.”  Dalai Lama.               

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Os invito a que intentéis meditar en un minuto con el siguiente vídeo, ya que considero que puede ser una herramienta muy útil para nuestro día a día.

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Cómo pasar las intenciones al plano de lo real.

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En ocasiones nos resulta muy difícil pasar a la acción, tenemos ideas, sueños, metas… pero luego a la hora de dar el primer paso nos agobiamos, lo posponemos o nos centramos en los obstáculos, dejando que nuestros miedos nos frenen.

Hoy voy a dejar unas pautas que nos pueden ayudar a pasar nuestras intenciones al plano de lo real, te invito a que lo practiques y veas los resultados.

1-      Fijarse metas. Anotarlas en un papel o en el ordenador si lo prefieres, haz dibujos pon recortes que te recuerden tu motivación por conseguirlas y  tenerlas presentes.  Revisa de vez en cuando tus objetivos, pues estos solamente son útiles si te llevan dónde tú quieres ir.

2-      Divide tu meta en objetivos parciales y céntrate en el siguiente paso a dar. Muchas veces cuando nos proponemos algo importante, nos agobiamos al ver todo lo que queda por hacer. Lo mejor es centrarse sólo en un paso, el que tienes que dar a continuación. Aunque siempre tengas en mente el destino final, centrarte en el siguiente paso a dar hará que te resulte más fácil empezar e ir avanzando.

3-      Fija un plazo muy preciso, esto es esencial para que la meta que ya está presente en tu cabeza se concrete y pases a la acción.

4-      Visualízate realizando tu meta, superando los obstáculos que surjan. Y visualiza el resultado final, cuando consigues tus objetivos. Recuérdate constantemente por qué quieres lograr tus proyectos. Una vez que tengas claro por qué tus proyectos son importantes para ti, el cómo no será un problema sino un mero obstáculo. Además,  el hecho de saber lo que quieres y qué pasos tienes que dar para conseguirlo es algo que te hará sentir motivado casi sin quererlo.

5-      Celebra cada pequeño avance. Dales fuerza con un ¡Bien! o una celebración, pero dales bombo, esto te ayudará a seguir motivado. Las grandes victorias están constituidas de pequeñas victorias.

6-      Si te falla la fuerza de voluntad o las cosas no salen como esperabas, no desistas, piensa que es parte del proceso. Utiliza esa mala experiencia para visualizar  qué puedes mejorar y cómo puedes superar los obstáculos.

Cuando por los años no puedas correr, trota; cuando no puedas trotar, camina; cuando no puedas caminar usa el bastón, ¡pero nunca te detengas!

7-      Buscarte un compañero puede ayudar. Alguien con el mismo objetivo, con quien puedas animarte y apoyarte mutuamente o compartir tus preocupaciones.

8-      Si realmente quieres un cambio duradero en tu vida, crea hábitos saludables que sustituyan a viejos. Cuando introduces una actividad en tu rutina diaria haciéndola de la misma manera y a la misma hora cada día, esa actividad se convierte rápido en un hábito.

Crear un hábito nuevo siempre requiere un gran esfuerzo, la clave está en la perseverancia y el compromiso. Cultiva tu fuerza de voluntad

Una vez que hemos conseguido practicar el nuevo comportamiento o hábito durante varios días dejará de requerir tanto esfuerzo, te saldrá casi de forma automática y puede que incluso empieces a disfrutar haciéndolo.

9-      No te pongas límites. Cuándo te atreves a salir de tu círculo de comodidad y explorar lo desconocido, empiezas a liberar tu verdadero potencial humano.

A veces estamos esperando que los demás tiren de nosotros y de que nos hagan felices. Nos tenemos que responsabilizar de nosotros mismos. Tenemos voluntad y libertad para hacer aquello que queremos hacer aunque a veces nos busquemos excusas.

10-     Y para el final el consejo más importante: No te olvides de disfrutar de las vistas que ofrece el camino. 

La alegría es la emoción más capacitante, nos permite explorar, crecer, y desarrollarnos, sin miedos, con confianza y apertura. ¡Tomarte las cosas con humor y optimismo hace la vida más fácil y agradable!

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¿Quién soy? ¿Me conozco?

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Creemos que sabemos quiénes somos, pero la verdad es que solemos ir de un lado para otro con prisas, estrés, dejándonos llevar por el ritmo frenético de la vida y las circunstancias. Y en ocasiones se nos olvida consultar el mapa, no sabemos cuáles son nuestras metas, la dirección en la que vamos.

Pasamos poco tiempo con nosotros mismos, poco tiempo de reflexión, lo que nos lleva muchas veces a un gran desconocimiento y vacío interior. No sabemos para qué estamos aquí, qué nos hace felices, qué es lo que queremos, cuál es nuestro potencial.

Creo que este es un tema muy importante y que tiene mucho que ver con la felicidad a largo plazo, es decir, con ese sentimiento de paz y satisfacción con uno mismo. El primer paso para sentirnos realizados es conocernos, conocer esa semilla que somos para poderla regar y verla desarrollarse y crecer.

Esto no es algo sencillo. Solemos acabar el colegio o el instituto e incluso la universidad sin saber quienes somos, qué es importante en nuestra vida y qué podemos hacer con todos los conocimientos que hemos adquirido. Muchas veces las enseñanzas que recibimos no tienen que ver con los problemas a los que nos enfrentamos a la vida real.

Vivimos en una sociedad en la que todo el mundo entiende que vayas al gimnasio para entrenar tus músculos. Pero si dices que estás trabajando “para transformarte en una persona más completa”, muchos te miran como si fueses “un rarito”. Yo no lo entiendo. ¿Acaso hay algo más importante? Alain de Botton.

Puede que estemos tan ocupados sorteando los obstáculos del día a día que olvidemos dar respuesta a una pregunta que tarde o temprano necesariamente vendrá a nosotros: ¿Qué es lo que da sentido a mi vida? Quizá nos la hayamos planteado en la adolescencia, en la crisis de los cuarenta o todavía no nos ha llegado el momento, pero la pregunta vendrá, porque al final «el propósito de la vida es una vida con propósito».

Vivir con autenticidad, siendo honestos con nosotros mismos, implica hacernos esta pregunta, tomar conciencia de nuestros principios y valores y comprometernos con ellos.

Parece algo sencillo, pero muy a menudo la gente se olvida de cosas importantes para hacer caso de las exigencias y presiones externas. Un ejemplo serían aquellas personas que absorbidas por el trabajo olvidan cuidar a su familia, amistades o incluso a sí mismas.

La cuestión está en encontrar un equilibrio que nos lleve a tener una vida armoniosa. Porque  si dejo de lado áreas importantes de mi vida para atender a otras más urgentes por mucho tiempo, aquellas que olvido se resentirán.

Por un momento, imagina que tu vida fuese un espléndido jardín y que cada planta es algo importante para tí (tu pareja, tus hijos, amigos, trabajo, salud, ocio…). Si no riegas una parte del jardín la planta se secará y cuanto más tiempo y atención dediquemos a una planta más bonita y saludable estará.

No solo es importante haber tenido un momento de lucidez en el que hemos podido ver la esencia de la vida claramente. Para que la reflexión tenga su efecto, debe estar presente en en nuestro día a día, dedicándonos espacios para recordarnos aquello que es importante. Por ejemplo, al levantarnos, respirar profundamente y decidir cómo y qué valores quiero que envuelvan mi día.

Una estrategia eficaz para mantenernos en la dirección que queremos, es revisar nuestros objetivos de vez en cuando, poniéndonos metas y dedicando esfuerzo a crear rutinas que nos enriquezcan y que cuiden aquello que es importante para uno mismo.

“Volví a sentir unas inmensas ganas de vivir cuando descubrí que el sentido de mi vida era el que yo le quisiera dar” Paulo Coelho.

 “Cualquiera puede revolucionar su vida si primero revoluciona la dirección en la que se mueve. “ Robin Sharma.

Si no soy consciente de mi esencia, de mis valores, me será difícil dominar las presiones, me dejaré llevar por los demás y las circunstancias. Por eso es tan importante el descubrirse, conocerse y tener muy claro quién es uno. Estos ideales son los que nos permiten tener confianza en uno mismo y fortaleza para perseguir nuestros sueños.

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Cuando la comunicación se hace difícil

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Comunicación proviene de la palabra latina “COMUNIS” que significa poner algo en común. Implica un intercambio de información, experiencias, puntos de vista, opiniones y/o sentimientos.

La comunicación entre personas no es siempre fácil. El lenguaje es el medio de comunicación más complejo y sutil y es por eso que no siempre logramos comunicarnos con éxito y entendernos. Los malentendidos pueden originar deterioro en las relaciones personales y profesionales. Por este motivo creo que tomar conciencia de los problemas de comunicación puede ayudar a mejorar nuestra calidad de vida.

¿Cuándo la comunicación es difícil?

Al  interpretar lo que la otra persona nos dice como una amenaza (algo que daña nuestra autoimagen, pone en peligro la aceptación por parte de los demás o nuestro sistema de creencias), nuestro sistema de defensa se pone alerta, se movilizan nuestras emociones y la comunicación se hace difícil.

Cuando la emoción predominante es el miedo al rechazo, el estilo de comunicación suele ser PASIVO o INHIBIDO.

El miedo nos paraliza y nos inhibe, supone la falta de acción. Por eso, este estilo de comunicación se llama pasivo. Estas personas dirán a todo que sí, simplemente por evitar el conflicto. Las opiniones y deseos de los demás prevalecen sobre los propios ya que se opta por no manifestarlos o hacerlo con falta de confianza y determinación. El miedo les hace renunciar a sus derechos.

El no decir nada sobre algo que nos molesta, el dejar de hacer algo por miedo, o abordar una situación de forma poco directa, serían comportamientos que se corresponden con este estilo inhibido.Las consecuencias que tiene esta opción son la sumisión ante los deseos del otro y el sentimiento de frustración al no poder lograr los propios objetivos.

La inhibición nos puede hacer sentir impotentes y con falta de control sobre los acontecimientos, ya que nuestra capacidad de influencia es nula si no somos capaces de transmitir al otro aquello que nos molesta. La persona que no expresan sus sentimientos se puede sentir a menudo no tenida en cuenta o incomprendida.

Si no decimos las cosas que nos molestan en el momento, los sentimientos negativos pueden irse acumulando y explotar o trasladar la rabia a otra situación. Por otro lado, pese a que estas personas intentan mantener una buena relación, impiden que se avance en el grado de confianza mutua al no darse a conocer.

Inhibir sistemáticamente las opiniones, los deseos, las intenciones y la postura personal puede evitar problemas con los demás, pero acaba convirtiendo a quien así se comporta en un completo desconocido.

Aún cuando los demás hacen un intento por entender, tener que inferir constantemente lo que está realmente diciendo la otra persona es una tarea difícil y abrumadora que puede dar lugar a sentimientos de frustración, molestia o ira hacia la persona que se comporta de esa manera.

Cuando la emoción predominante es la rabia, surge un estilo de comunicación AGRESIVO.

En este caso uno se siente atraído hacia la confrontación. Se trata de vencer al oponente, de plantarle cara, de demostrar quién es el que tiene razón.

Una conducta agresiva en el estilo, el tono y el contenido del mensaje, permite una descarga emocional más o menos intensa que puede resultar satisfactoria en un primer momento. Es el estilo para discutir acaloradamente, imponer los puntos de vista propios sin que te importen los sentimientos de la otra persona.

La comunicación agresiva puede expresarse de forma directa o indirecta:

La agresión verbal directa incluye ofensas verbales, insultos, amenazas y comentarios hostiles o humillantes. El componente no verbal puede incluir gestos amenazantes, como esgrimir el puño, las miradas intensas e incluso los ataques físicos.

La agresión verbal indirecta incluye comentarios sarcásticos y rencorosos y murmuraciones maliciosas. Pueden golpear objetos, o realizar gestos agresivos mientras la atención de la otra persona se dirige a otro lugar.

La comunicación agresiva suele estimular el miedo o la rabia, según sean las circunstancias de la otra persona. Si produce rabia en el otro, la agresividad despierta agresividad y se producirá una escalada de poder, en la que, además de perder el objetivo, el resultado final será que os habéis herido el uno al otro.

Si la comunicación agresiva, produce miedo en el otro, esa victoria aparente tiene un precio alto. Crea mucho resentimiento en el vencido, ya que a nadie le gusta ser agredido, y con el tiempo puede dar lugar a conflictos en la relación. Por otro lado, puede dificultar la comunicación en el futuro. Es probable que la persona no se atreva a expresar libremente sus opiniones por temor a ser agredida nuevamente.

Por lo tanto, a medio-largo plazo, la conducta agresiva provocará una falta de confianza mutua que acabará por limitar o incluso acabar con la relación.

Además, las posibilidades de influencia de este tipo de comunicación son muy limitadas, ya que las personas necesitamos sentirnos libres para decidir. ¿Nunca os han dicho que no hagáis tal cosa o la otra y habéis sentido la necesidad de hacerlo? De poco sirve que alguien nos diga cómo se supone que debemos comportarnos, cómo debemos sentirnos, o cómo debemos vivir nuestra vida.

Cuando regulamos nuestras emociones, somos capaces de mantener un estilo de comunicación ASERTIVA.

Actuar asertivamente supone expresar y defender nuestras opiniones, pensamientos y sentimientos de forma directa y honesta. De esta manera dejamos ver a los demás lo que deseamos, pero mostrando respeto por ellos y sin ofenderles.

Este estilo de comunicación nos permite afirmarnos ante los demás y nos proporciona una sensación de seguridad y autosatisfacción. Es importante saber que este tipo de respuestas son las que tienen mayor probabilidad de ser efectivas a la hora de resolver determinadas situaciones y evitar conflictos mayores.

La asertividad consiste en alcanzar un punto medio en el que no vulneramos ni nuestros propios derechos (cómo en el estilo pasivo), ni los de los otros (cómo en el estilo agresivo).

Las personas no tenemos un estilo de comunicación puro. Dependiendo de nuestra personalidad, la situación y el contexto podemos expresar más o menos asertividad y manejo emocional. Como todas las habilidades se puede entrenar y aprender.

Ser asertivo tiene muchas implicaciones:

Defensa de nuestros derechos.

Todo el mundo tiene derecho a expresarse y a ser tratado con respeto, incluido uno mismo. Por eso a veces es necesario poner límites a las conductas y comentarios poco razonables e hirientes de los demás. Lo importante es hacerlo de una forma asertiva (a pesar de que nos estén tocando la moral), en lugar de atacar y entrar en una situación dañina para ambas partes, que no nos ayudará a conseguir nuestros objetivos.

Algunos de los derechos que más nos cuesta defender son:

  • Decir que NO a peticiones que no nos interesan.
  • Expresar desacuerdo y críticas constructivas.
  • Pedir favores.

Respetar los derechos del otro.

No hay que olvidar que la otra persona tiene los mismos derechos y que es libre de decidir qué opinar o qué hacer.

Saber expresar sentimientos positivos y de reconocimiento.

Una comunicación eficaz y asertiva implica también expresar sentimientos positivos hacia los demás, elogiando las cosas que nos gustan de ellos y reconociendo sus habilidades y las cosas que hacen bien.

Mostrar aceptación y afecto hacia los demás facilita una relación de confianza, un clima positivo y  aumenta la satisfacción mutua.

Por otro lado, debemos de tener en cuenta que ofrecer reconocimiento y cumplidos ante la conducta adecuada o gratificante del otro es una recompensa natural que aumenta la probabilidad de que se repita en un futuro.

A modo de resumen me gustaría que el lector se quedase con la siguiente idea:

Si cuando alguien va a contarnos algo de forma sincera, nosotros le decimos que menuda tontería o empezamos a hablar de nuestra experiencia antes de escuchar, la comunicación se cerrará. Para que otra persona nos confíe sus sentimientos de forma sincera y honesta debe de sentirse reconocida por el otro.

Si realmente queremos abrir un canal para la comunicación, debemos comenzar escuchando desde el respeto y la aceptación, intentando comprender las razones y los sentimientos de la otra persona.  Esto no supone necesariamente estar de acuerdo con ella, ni darle la razón, sólo supone hacer el esfuerzo de comprender su punto de vista antes de opinar.

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La autoestima. Aprende a quererte.

¿Qué es autoestima?

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Auto– significa “a sí mismo”y, estimar significa “querer”, por tanto, autoestima es “quererse a sí mismo”.

Pero, de la misma forma que amar a alguien no significa que te guste todo de esa persona, querernos a nosotros mismos no significa verse como un ser perfecto y maravilloso, sino aceptarnos tal como somos.

Para tener una autoestima saludable, tenemos que conocernos, fijarnos en qué cosas nos gustan más de nosotros mismos y también cuáles no tanto, pero aceptándolas todas, porque forman parte de nosotros.

Todas las personas somos diferentes; todos tenemos cualidades positivas y negativas. Debemos aceptar que, con nuestras cualidades y defectos, somos, ante todo, personas importantes y valiosas. Intentando sacar el máximo partido a nuestros puntos fuertes conseguiremos sentirnos satisfechos y orgullosos de nosotros mismos.

¿Qué cosas ayudan a mejorar o mantener la autoestima?

Recuerda tus éxitos y tus logros.

Cuenta una historia que dos amigos iban caminando por el desierto. En algún punto del viaje comenzaron a discutir y uno de ellos le dio una bofetada al otro. Lastimado pero sin decir nada escribió en la arena: mi mejor amigo me dio hoy una bofetada.

Siguieron caminando hasta que encontraron un oasis donde decidieron bañarse. El  amigo que había sido abofeteado comenzó a ahogarse, pero su amigo lo salvó. Después de recomponerse escribió en la piedra: Mi mejor amigo hoy me salvó la vida.

El amigo que había abofeteado y salvado a su mejor amigo preguntó, cuando te abofeteé escribiste en la arena y ahora en la piedra ¿Por qué?

El otro amigo respondió:

Cuando alguien nos lastima debemos escribirlo en la arena donde los vientos del  perdón puedan borrarlo. Pero cuando alguien hace algo bueno por nosotros debemos grabarlo en piedra, donde ningún viento puede borrarlo.

Solemos darle muchas vueltas a nuestros errores o los de los otros. Pensamos más en aquello que nos falta que en nuestros éxitos y en las cosas que los otros hacen por nosotros o aquello que tenemos. Esto tiene un efecto en nuestra memoria. Se quedará más grabado en ella aquello a lo que más tiempo y esfuerzo dedicamos, llegando a distorsionar el concepto que tenemos de nosotros mismos, de los otros o de nuestra vida.

Nos tenemos que cuidar, recordando nuestros logros y lo que tenemos (grabándolo en piedra), porque es de ahí de donde sacaremos nuestros recursos, fortalezas y autoconfianza cuando tengamos que hacer frente a dificultades.

Construye una idea de ti mismo que no dependa exclusivamente de los demás, sino que se fundamente en lo que tú piensas de ti mismo.

Es imposible que gustemos a todas las personas y que siempre estén de acuerdo con nosotros, por eso es importante aumentar la confianza en uno mismo, actuando de acuerdo a lo que pensamos y sentimos, sin preocuparnos excesivamente por la aprobación de los demás.

Es verdad que hay mensajes de los demás que refuerzan o debilitan nuestra autoestima. Por eso, cuando otra persona nos hace un comentario (sea positivo o negativo) y nos afecta, es importante fijarse en si nos lo dice para ayudarnos o no.

En definitiva, se trata de construir una idea de ti que no dependa exclusivamente de los demás, sino que se fundamente en lo que pienses de ti mismo.

Una profesora en clase saca de su cartera un billete de 20 euros y lo enseña a sus alumnos a la vez que pregunta: «¿A quién le gustaría tener este billete?». Todos los alumnos levantaron la mano.
Entonces la profesora coge el billete y lo arruga, haciéndolo una bola. Incluso lo rasga un poquito en una esquina. «¿Quién sigue queriéndolo?». Todos los alumnos volvieron a levantar la mano.
Finalmente, la profesora tira el billete al suelo y lo pisa repetidamente, diciendo: «¿Aún queréis este billete?». Todos los alumnos respondieron que sí.

Entonces la profesora les dijo:
«Espero que de aquí aprendáis una lección importante hoy. Aunque he arrugado el billete, lo he pisado y tirado al suelo… todos habéis querido tener el billete porque su valor no había cambiado, seguían siendo 20 euros. 

Muchas veces en la vida te ofenden, hay personas que te rechazan y los acontecimientos te sacuden, dejándote hecho una bola o tirado en el suelo. Sientes que no vales nada, pero recuerda, tu valor no cambiará NUNCA para la gente que realmente te quiere. Incluso en los días en los que sientas que estás en tu peor momento, tu valor sigue siendo el mismo, por muy arrugado que estés.

Ser justos con lo que nos decimos.

El lenguaje no es la realidad, solo es una representación de la realidad. Un instrumento para manejar el mundo. Debemos ser justos con el lenguaje porque este da significado a lo que vivimos. ¡Cuidado con lo que nos decimos porque nos lo podemos creer!

El peligro de auto-sabotearse. Las palabras que te dices a ti mismo afectan a tu autoimagen y esta determina cómo actúas. Nos comportamos de una forma coherente a nuestra autoimagen, por lo que, lo que nos decimos, al final se convierte en una especie de profecía que se auto-cumple. Ej: si nos decimos que no seremos capaces de hacer algo, probablemente ni siquiera lo intentemos y si lo intentamos estaremos más pendientes de nuestro fracaso que de nuestro éxito. Cualquier obstáculo nos servirá para auto-confirmarnos que no éramos capaces.

Ante una determinada situación nuestra reacción emocional y nuestro comportamiento van a depender de lo que nosotros nos decimos.

Por ejemplo, si me digo que soy un fracasado.

  • ¿Cómo me sentiré?  Triste, abatido, sin energia.
  • ¿Qué motivación tendré? Poca, porque no me sentiré capaz.
  • ¿Qué eficacia tendré? Poca, porque ni siquiera lo intentaré.
  • ¿Cómo me verán los demás? Triste, desmotivado, sin chispa.

Para mantener una adecuada salud debemos tener un diálogo interno respetuoso y compasivo. 

¿Por qué es importante tener autoestima?

Los sentimientos que tenemos hacia nosotros mismos influyen en cómo vivimos nuestras vidas. Las personas que se quieren:

  • Se sienten mejor. SON MÁS FELICES
  • Confían en su capacidad de afrontar dificultades y mantienen una actitud más positiva ante los problemas.

Confiando en uno mismo, en su sensibilidad y en su sabiduría, cada persona asume su propia responsabilidad y puede vivir plenamente su vida.

“A veces no alcanzamos nuestros sueños por el simple hecho de que no nos atrevemos a intentarlos. La confianza no es arrogancia, sino la consciencia de que nuestras vidas son cortas y de que, en realidad, tenemos muy poco que perder cuando nos arriesgamos a luchar por lo que queremos”. 

Alain Bottom.

  • Son más optimistas.

El pensamiento positivo tiene un papel esencial en la motivación. Si pensamos en que algo es posible y visualizamos nuestro objetivo, sacaremos fuerzas para intentarlo, estaremos en el camino de conseguirlo.

  • Son más efectivas y productivas.
  • Son más independientes. No necesitan la constante aprobación externa, se comprometen con sus acciones asumiendo más responsabilidad sobre sus metas y deseos.
  • Encajan mejor las críticas ya que saben que su valor interno no depende de estas.
  • Se cuidan a sí mismos y a los demás. Si dirigimos toda nuestra energía hacia nuestros conflictos interiores no podemos dedicarla a otras muchas cosas valiosas.
  • Nos vemos y nos ven mejor.
  •  Tienen relaciones más sanas. Se sienten merecedoras de amor, lo aceptan y disfrutan de una forma saludable.

«La autoestima positiva es importante porque cuando las personas la experimentan, se sienten bien y lucen bien, son efectivos y productivos. Responden hacia los demás y hacia ellos mismos de una manera saludable y positiva. Saben que son capaces y se cuidan a si mismos y a los demás. No necesitan sentirse seguros subestimando o sintiéndose superiores a las demás personas.»     Nathaniel Branden.

María Quintanilla García.

                                                                                   

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¡BIENVENIDOS A MI BLOG!

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Hola! He creado este blog con la idea de compartir temas relacionados con el bienestar psicológico, el crecimiento personal y la superación de situaciones difíciles en la vida.

Es una andadura que comienzo con ilusión, porque para mi supone una forma para expresarme, de  seguir desarrollando mi profesión y sobre todo de llegar a la gente.

Espero que sea un espacio de enriquecimiento mutuo, que invite a la reflexión y que os ofrezca algunas herramientas/recursos psicológicos útiles para vuestra vida.

¡¡¡Bienvenidos!!!

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